Goosen ganó el U.S. Open 2004 en Shinnecock Hills con 276 golpes (-4), superando a Mickelson en condiciones extremas con promedio final de 78.7.
Southampton, Nueva York – El 20 de junio de 2004, la historia del golf presenció una de las victorias más contundentes y mentalmente exigentes en la memoria reciente. El sudafricano Retief Goosen, conocido por su serenidad y precisión quirúrgica, se alzó con su segundo título del U.S. Open en el mítico Shinnecock Hills Golf Club. Fue una exhibición de fortaleza mental y técnica en un campo que, para muchos, representó la prueba definitiva del golf de campeonato.
Shinnecock Hills, uno de los clubes fundadores de la USGA y sede de múltiples U.S. Opens, se preparó para el torneo con una ferocidad inusual. Sus fairways estrechos, el rough espeso y los vientos implacables del Atlántico son desafíos inherentes. Sin embargo, en la ronda final de 2004, las condiciones se tornaron casi injugables, elevando el nivel de dificultad a cotas legendarias. La estadística más reveladora fue el promedio de 78.7 golpes en la ronda final, una cifra que encapsula la brutalidad de la jornada y subraya la hazaña de Goosen.
Goosen, que había ganado su primer U.S. Open en Southern Hills en 2001, entró al domingo con una ventaja de dos golpes. Pero en un Major, especialmente en un U.S. Open, ninguna ventaja es segura. El curso penalizaba el más mínimo error, y el nerviosismo era palpable entre los competidores. A pesar de la presión inmensa y las condiciones adversas que hacían que los putts parecieran tener vida propia y los approach shots se desviaran con el viento, Goosen mantuvo una compostura asombrosa.
El drama se intensificó cuando su rival más cercano, el carismático Phil Mickelson, logró tomar brevemente la delantera. Mickelson, con su estilo audaz y su capacidad para generar momentos eléctricos, parecía tener el impulso. Sin embargo, el destino del torneo dio un giro decisivo en el hoyo 17, donde Mickelson incurrió en un costoso doble bogey. Simultáneamente, Goosen, imperturbable, respondió con un birdie crucial en el hoyo 16, una demostración de frialdad bajo presión que solidificó su posición.
A partir de ese momento, Goosen navegó los hoyos finales con una serie de pares constantes, una manifestación de su capacidad para minimizar errores y ejecutar golpes precisos cuando más importaba. Su tarjeta final de 71 golpes (+1) en una ronda donde la mayoría de los jugadores sucumbían, fue un testimonio de su maestría. Terminó el campeonato con un total de 276 golpes (-4), dos golpes por delante de Mickelson, asegurando su segunda Copa de Oro y estableciendo un legado imborrable.
“En el U.S. Open, te enfrentas al mejor campo en uno de los campos más duros, luchando en cada golpe. Todo está diseñado para ser difícil. Así que, cuando ganas, sabes que has llevado tu juego a otro nivel. Ganar el campeonato siempre será mi momento de mayor orgullo”, declaró Goosen, encapsulando la profunda satisfacción de conquistar un torneo de tal magnitud.
El arsenal de Goosen en ese momento reflejaba una combinación de tecnología de punta y preferencia personal por la precisión y el control, cruciales en Shinnecock. Su driver era un TaylorMade r7 Quad (8.5 grados), una pieza revolucionaria de su época que ofrecía ajustabilidad. Para las aproximaciones difíciles desde el rough, Goosen confiaba en un TaylorMade Rescue Mid (14 grados), destacando la creciente popularidad y utilidad de los híbridos. Sus hierros, los TaylorMade Rac MB Forged, eran la elección de un purista, diseñados para el máximo control y sensación, permitiendo golpes consistentes desde los fairways castigados.
En el juego corto, Goosen utilizaba wedges TaylorMade Rac Black (56 grados) y TaylorMade Rac Chrome (60 grados), herramientas esenciales para la delicadeza alrededor de los difíciles greens de Shinnecock. Su putter era un distintivo C-Groove Tracy de Yes! Golf, una elección que muchos profesionales de la época valoraban por su tecnología de ranuras que promovía un rodamiento más puro. Finalmente, la elección de la bola, una Titleist Pro V1x, completaba un equipo diseñado para ofrecer consistencia y rendimiento en las condiciones más exigentes. La victoria de Goosen en Shinnecock Hills no solo fue una demostración de habilidad individual, sino también un ejemplo de cómo la combinación de talento, temple y el equipo adecuado puede superar los desafíos más formidables del golf profesional.