Adam Scott ganó el WGC-Cadillac 2016 con un <strong>-12</strong> usando <strong>Titleist 917D2</strong>, hierros <strong>680 MB</strong> y un putter <strong>Scotty Cameron Prototype</strong>, tras una épica remontada desde seis golpes de desventaja.
El 6 de marzo de 2016, el Trump National Doral fue el escenario de una de las remontadas más memorables en la historia reciente del golf. Adam Scott, el elegante australiano, no solo conquistó el WGC-Cadillac Championship, sino que lo hizo desafiando la lógica y demostrando una fortaleza mental inquebrantable. Con un total de 276 golpes (-12), Scott se alzó con la victoria por la mínima diferencia de un golpe sobre el aguerrido Bubba Watson, en una jornada final que mantuvo a los aficionados al borde de sus asientos.
La mañana del domingo comenzó con un aire de pesimismo para Scott. Tras cometer dos dolorosos dobles bogeys en la primera mitad del recorrido, su posición en el tablero de líderes sufrió un revés dramático, cayendo a seis golpes de la punta. El momento era crítico, y muchos habrían considerado que el título se escapaba de sus manos. Sin embargo, lo que siguió fue una exhibición de maestría y determinación. Scott, conocido por su swing fluido y su calma bajo presión, ejecutó una segunda vuelta de nueve hoyos simplemente deslumbrante. Con una combinación de agresividad calculada y una precisión quirúrgica, encadenó una serie de birdies que no solo neutralizaron sus errores iniciales, sino que lo catapultaron de nuevo hacia la cima. Fue un giro de guion espectacular, un testimonio de que en el golf, el partido no termina hasta el último putt.
Mientras Scott protagonizaba su memorable remontada, la presión hacía mella en otros contendientes. Rory McIlroy, quien había estado firmemente en la lucha por el título, cometió errores costosos en los hoyos finales, cediendo terreno valioso. Bubba Watson, con su estilo singular, mantuvo la intensidad hasta el último hoyo, pero la implacable embestida de Scott resultó imparable. El australiano mantuvo su estrategia ofensiva, consciente de que cualquier vacilación podría costarle el campeonato. Cada golpe, desde el tee hasta el green, fue ejecutado con una confianza que solo los grandes campeones poseen, culminando en un cierre impecable que le aseguró su segunda victoria consecutiva en el PGA Tour. Este triunfo no solo reafirmó su estatus como uno de los élites del golf mundial, sino que también ofreció una clase magistral sobre cómo superar la adversidad en un escenario de máxima exigencia.
Ocho años después de aquella gesta, un viaje en nuestra “Máquina del Tiempo WITB” (What’s In The Bag) nos permite desglosar el arsenal que acompañó a Adam Scott en esa trascendental victoria. ¿Qué herramientas tenía en su bolsa el australiano para dominar el temido Doral y sellar su segundo título consecutivo? Este análisis técnico de su equipamiento de 2016 revela la meticulosa selección que contribuyó a su rendimiento estelar.
En la búsqueda de distancia y control desde el tee, Scott confiaba en un Titleist 917D2 Driver (9.5 grados). Este modelo, en su momento, representaba la cúspide de la tecnología Titleist, ofreciendo un equilibrio óptimo entre perdón y capacidad de ajuste, crucial para las calles estrechas y los vientos desafiantes del Doral. Para los golpes largos desde el fairway, su elección era un Titleist 915F de 3-madera (16.5 grados), un palo conocido por su versatilidad y capacidad de generar una elevada velocidad de bola y un lanzamiento penetrante.
La selección de hierros de Scott era una mezcla que hablaba de su búsqueda de sensaciones y control. Su hierro 3 era un Titleist 716 T-MB, un utilitario que ofrecía un perdón considerable sin sacrificar la capacidad de trabajo y la distancia. Para los hierros del 3 al 9, la preferencia de Scott recaía en los clásicos y exigentes Titleist 680 MB. Estos ‘muscle back’ son conocidos por su exigencia, pero recompensan con una retroalimentación inigualable, un control de trayectoria preciso y la capacidad de moldear golpes, características esenciales para un purista del swing como Scott.
En el juego corto, la precisión era paramount, y Scott se apoyaba en un set de wedges Titleist Vokey SM6. Sus configuraciones específicas eran 48-08F, 54-10S y 60-06K. Esta combinación le proporcionaba la versatilidad necesaria para manejar una amplia gama de situaciones alrededor del green, desde aproximaciones de distancia controlada hasta golpes desde el búnker y lob shots delicados, demostrando su dominio en cada escenario.
Finalmente, el arma crucial para el cierre de la victoria en los greens era un putter Scotty Cameron Rev X10 Xperimental Prototype. Este prototipo, una pieza única de ingeniería, fue fundamental para la habilidad de Scott de convertir los putts clave bajo la inmensa presión de la última ronda. En cuanto a la bola, su elección era la incondicional Titleist Pro V1, el estándar de oro en el golf profesional por su combinación de distancia, spin control y sensación. La configuración de su bolsa en 2016 no era meramente una colección de palos, sino un reflejo de un jugador en la cima de su juego, que entendía a la perfección cómo optimizar su rendimiento con el equipo más adecuado. Este arsenal, combinado con una actuación mental y técnica sobresaliente, permitió a Adam Scott inscribir su nombre una vez más en los anales del golf profesional, cimentando su estatus como una de las figuras más importantes de su generación.